Las dos caras de la luna

Ya han pasado veinte años desde que Asha llegara a Barcelona en 1974, procedente de Bombay, pero parece que fuese ayer.

Lo recuerda todo con mucha nitidez, bajo la percepción de una niña de seis años, algo asustada, pero sobre todo muy ilusionada por haber conseguido al fin lo que tanto había deseado: unos padres.

En su nueva vida, lo ha recibido todo: una familia, amigos, una educación. Se siente la elegida, la privilegiada. Siempre se ha preguntado: ¿por qué yo?

En los brazos de su padre, ha aprendido a tocar con la punta de los dedos un cielo infinito imaginario y en los de su madre, las leyes del corazón: amar, llorar, perdonar, dejar fluir lo mejor de uno mismo.

Ellos no le han dado la vida, pero sí toda su esencia, una herencia más allá de la sangre.

Con veintiséis años, siente que ha llegado el momento de volver atrás, de saber más, de hurgar en sus raíces, de revivir los primeros años de la infancia, en definitiva, de seguir adelante empezando por el principio.

Necesita regresar a la India, el lugar que la vio nacer, para intentar resolver numerosos interrogantes, disipar la incertidumbre y llenar los vacíos que esconden su propia realidad, para poder así hallar su paz interior.

Pero no quiere volver como una turista más, por eso, cuando la aceptan en una ONG que necesita voluntarios para un proyecto en un campo de trabajo en Bombay, piensa: ¡Mi sueño hecho realidad!

Fa les maletes, disposada a retrobar-se amb el seu passat, els seus orígens, rumb a aquell país de tants contrastos: gent extremadament rica i gent en la misèria, paisatges preciosos i rates corrent pels carrers. Un país amb olors penetrants, tant aromes deliciosos com pudors de procedència desconeguda. Un país amb grans intel·lectuals i la indústria cinematogràfica més gran del món, però que continua regint-se per costums ancestrals, com els matrimonis concertats.

Al principi li costa percebre la seva terra tal com és, desprendre’s dels prejudicis i dels obstacles (menjar picant, calor sofocant, incomoditats…). Sempre havia tingut l’esperança de poder entendre el marathi (la llengua que parlava quan va arribar a Barcelona) o l’hindi, perquè havia sentit que quan parles una llengua de petit, mai no la perds del tot. Però això no va passar: no recordava ni una sola paraula, tot era nou per a ella.

Quan aconsegueix canviar de xip, veu el que encara no havia pogut veure, estudia l’entorn amb una nova mirada, reconeix l’harmonia que hi ha en tot; en definitiva, comença a entendre aquelles vides orientals, en les quals hi ha al darrere una filosofia, una realitat.

A Les dues cares de la lluna, Asha torna a l’Índia per gravar un documental sobre la seva vida. Però porta una altra intenció secreta amagada a la seva maleta: trobar algun membre de la seva família biològica.

Hace las maletas, dispuesta a reencontrarse con su pasado, sus orígenes, rumbo a ese país de tantos contrastes: gente extremadamente rica y gente en la miseria, bellos paisajes y ratas corriendo por las calles. Un país de olores penetrantes, tan pronto aromas deliciosos como hedores que nadie sabe de dónde proceden. Que cuenta con grandes intelectuales y la mayor industria cinematográfica del mundo, pero que continúa rigiéndose por costumbres ancestrales, como por ejemplo los matrimonios concertados.

Al principio le cuesta percibir su tierra tal y como es, desprenderse de los prejuicios, de los obstáculos (comida picante, calor sofocante, incomodidades…). Siempre tuvo la esperanza de poder entender el maratí (la lengua que hablaba cuando llegó a Barcelona) o el hindi, porque había escuchado que cuando hablas una lengua de pequeño, nunca la pierdes del todo. Pero eso no ocurrió: no recordaba ni una sola palabra, todo era nuevo para ella.

Cuando consigue cambiar el chip ve lo que aún no había logrado ver, estudia el entorno con una nueva mirada, reconoce la armonía que hay en todo; en definitiva, empieza a entender esas vidas orientales, en cuyo trasfondo hay una filosofía, una realidad.

En Las dos caras de la luna, Asha vuelve a La India para grabar un documental de su vida. Pero lleva otra secreta intención escondida en su maleta: encontrar algún miembro de su familia biológica.